Sus ojos relampagueantes relucían en la oscuridad de la calle, mientras su mirada se fijaba en los pobres viandantes que decidieron pasear por esas calles de la ciudad. Calles oscuras, donde las paredes de los edificios ya cogieron una tonalidad grisácea por los gases de los coches que pasaban en antaño, calles oscuras donde solo unas pocas farolas iluminaban en la inmensa niebla en la que se convertía el ambiente fuera de la pobre luz de las farolas.
Sus labios rojos, sedientos de sangre y violencia, su viperína lengua relamiéndolos tratando de acordarse de su última cena, del último manjar que probaron. El temblor de sus manos, delataban su nerviosísmo, su necesidad de alimentarse para acallar la adrenalina que recorría su podrido corazón.
El oír del latir del corazón, joven, se oía en la calle como aumentaba por cada paso que daba aquella muchacha, su jadeo causado por el frío que enmascaraba aquella calle esa noche. Su irresistible olor, que emanaba de su piel con cada uno de sus pasos de hacía más intenso.
En un momento de frenesí, sus labios, su cuerpo, su mente, decidieron seguir a esa muchacha hasta que la última farola que iluminaba la calle, su luz se difuminara en la lejanía. Sin remordimiento alguno, su larga cabellera roja agarró y susurrándole con palabras envenenadas en el oído decíale a la muchacha: " Tu olor es la mayor tentación, el latir de tu corazón una irresistible razón para de ti obtener mi compañera, mi amor, tu sangre en mi corazón ". Sentía como el latir del corazón de la muchacha aumentaba, su frenesí aumentaba conviertiéndose en locura, sentía el debatir entre la vida y la muerte de su víctima, de aquella encantadora muchacha que se cruzó en su camino.
Sin poder remediarlo, sus dientes encontraron su cuello, perforándolo, sintiendo el calor de su cuerpo, de su sangre y como iba desvaneciéndose lentamente en un recuerdo hasta que ya no escuchaba su latir, ya no sentía su calor, y la locura en cordura se convirtió y aquella muchacha de la que se enamoró, dió sus primeros pasos hacia la vida eterna alimentada del calor humano.
jueves 3 de diciembre de 2009
jueves 26 de noviembre de 2009
Su sonrisa que en antaño brillaba, lentamente ha ido apagándose hasta convertirse en un remoto recuerdo donde todavía sentía el palpitar de su corazón al mirar a través de la ventana de su dormitorio, y ver como los rayos de luz provenientes del sol iluminaban las hojas de los árboles, de los rosales, como acariciaban las gotas del rocío, provocando que apareciesen miles de destellos, como si del nacimiento de un ángel fuese.
Su mirada en una niebla se convirtió desde que ya no sentía amor, cada palabra, cada caricia, solo se desvanecían en un mar de nubes lejanas que dejaban caer en antaño sus tormentas y lujurias sobre el techo de su hogar.
Mas de su cama no se levantaba, ni bocado probaba, solo miraba al infinito tratando de buscar el pasado, preguntándose donde se había marchado aquel borazón braco que ahora se había marchitado.
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Un buen día por la mañana, los rayos de luz a la ventana volvieron, destellos de inimaginale belleza acariciaban su rostro cuando lentamente se apagaba aquel corazón apenado, dejando que las nubes en un lecho mullido se la llevasen, dejando hoy y para siempre aquel mundo conocido como el de los vivos.
Su mirada en una niebla se convirtió desde que ya no sentía amor, cada palabra, cada caricia, solo se desvanecían en un mar de nubes lejanas que dejaban caer en antaño sus tormentas y lujurias sobre el techo de su hogar.
Mas de su cama no se levantaba, ni bocado probaba, solo miraba al infinito tratando de buscar el pasado, preguntándose donde se había marchado aquel borazón braco que ahora se había marchitado.
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Un buen día por la mañana, los rayos de luz a la ventana volvieron, destellos de inimaginale belleza acariciaban su rostro cuando lentamente se apagaba aquel corazón apenado, dejando que las nubes en un lecho mullido se la llevasen, dejando hoy y para siempre aquel mundo conocido como el de los vivos.
lunes 2 de noviembre de 2009
Viajeros al tren

Una mañana de abril, esperaba en la estación de tren a que llegara la hora a la que debería de subir al tren. Un café con leche, unas cuantas páginas de un libro, una cola de gente, era todo lo que existía en esos momentos en aquel andén hasta que llegó el tren y, sucesivamente el número de personas iba desapareciendo mientras entraba por las puertas de sus respectivos vagones. Caminando por el andén, llegué a mi vagón donde coloqué la maleta donde bien podía para evitar molestar al resto de los pasajeros y busqué mi asiento, para acomodarme con mi libro para que aquel largo viaje se volviera medianamente ameno.
Unas horas después, tras haber desechado la idea del interesante libro y que mis ojos se cerrasen para permitirme un ligero y agitado sueño con el vaivén del tren, una señora que en el asiento de al lado se sentaba no podía evitar mirarme, con una mirada desafiante, como si trata de atacarme de alguna forma o bien, con temor a que yo le pudiera morder y desgarrarle la vida un poco más. Al cabo de una hora más, comenzó a entablar una conversación conmigo sobre lo bonito y relajante que le resultan las playas de Benidorm, con el agua de las olas rozándole los pies y los granitos de arena haciéndole cosquillas en la planta de los pies, porque ahi se sentía segura cuando las nubes negras la envolvían. En las pocas horas que me quedaban de viaje, escuché la historia de esa mujer, vi como la valentía le había hecho seguir adelante sin hacer demasiado hincapié en las consecuencias cuando decidió deshacerse de su pasado y volver a respirar aire fresco dentro de su propia ciudad, aunque tristemente dejó que aparecieran lágrimas de anhelo cuando soñaba despierta con su hijo, probablemente la única persona que le había amado como un hijo ama a una madre, y cuando recordaba aquellos tiempos, cuando aún llevaba coletas y vestidos de flores y zapatos de charol, cogida de una muñeca cuando aún no conocía el significado del dolor.....
viernes 4 de septiembre de 2009
Un sueño vitalicio
Una conversación fue suficiente, una noche sentada en una mesa conversando con él para convencerme de que le viera con otros ojos, que la vida te trae demasiadas amarguras y no todos quieren verlo, no todos quieren sentirlo o simplemente, ni lo sienten. Una cerveza, para que en pocas palabras su vida me contara en resumidas palabras, que su rostro no es más que el foco de su esperanza de seguir adelante, de conseguir el sueño con el que duerme día a día, con su propia lucha personal y social. Un momento, un segundo para ver en su rostro el sufrimiento por el que ha pasado, las injusticias que su espalda acarrea pero aún así, su sueño perdura y su inmensa fortaleza espiritual le acompaña día tras día, para llegar adelante para llegar al día de después. Solo un sueño, que en breves vislumbró ante mis ojos, la añoranza, la nostalgia, la melancolía llenaron sus ojos, pero no es capaz de perder la esperanza que baña su corazón.
No siempre las cosas son como nos gustaría que fueran, no siempre tenemos un as debajo de la manga para salvarnos el día, pero nadie dice que una sota no puede darnos pie para conseguir dar un paso más en la vida, en el camino que hemos decidido coger.
No siempre las cosas son como nos gustaría que fueran, no siempre tenemos un as debajo de la manga para salvarnos el día, pero nadie dice que una sota no puede darnos pie para conseguir dar un paso más en la vida, en el camino que hemos decidido coger.
martes 25 de agosto de 2009
Delirium
Curiosa, observaba como la sangre fluía por su antebrazo, como se canalizaba en el dorso de la mano y caía en forma de gota desde sus dedos índice y corazón. Ladeando la cabeza volvió hasta su cabeza, esbozándose una leve sonrisa por la expresión de pánico que poseía aquel cuerpo, sus ojos negros abiertos de plato en plato, la tensión en su piel y la boca medio abierta ahogando tal vez un grito de auxilio. Con el dedo índice recorrió la superficie de su piel, empezando por la sien y bajando hasta la comisura del labio, diciendo en voz baja : " Te lo dije, y no quisiste escuchar, te lo dije y tuviste que cobrar". Continuó recorriendo el cuello con el mismo dedo, parando a observar una de sus heridas, un desgarro en el cuello a la altura de la yugular, que le permitió debilitar a su víctima. Prosiguió por su espalda, meditando cada uno de los arañazos si realmente merecieron la pena, si la noche de sexo fue realmente necesaria, pensándolo mejor tal vez fue lo mejor que su víctima pudo hacerle, asi que continuó con su recorrido hasta las nalgas, donde había dejado meticulosamente su firma: dos cortes diagonales paralelos junto con una letra, la D.
Entre dientes se rió cuando descubrió que su trabajo aún no había terminado, que quedaba un pequeño detalle para que esa ceremonia finalizara, asi que con la ayuda de un cuchillo de la cocina cortó cada uno de los testículos al igual que su pene, y se los colocó en la boca y con su sangre escribió en el cabecero de la cama : " La sangre que por nuestro cuerpo fluye mancillarse no debe y la soberanía no la concede".
Con una sonrisa, con un suspiro de alivio abandonó la habitación dejando que la oscuridad y la podredumbre se apoderasen de la estancia, y una vez fuera, miró al cielo buscando la luna que esa noche no brillaba.
Entre dientes se rió cuando descubrió que su trabajo aún no había terminado, que quedaba un pequeño detalle para que esa ceremonia finalizara, asi que con la ayuda de un cuchillo de la cocina cortó cada uno de los testículos al igual que su pene, y se los colocó en la boca y con su sangre escribió en el cabecero de la cama : " La sangre que por nuestro cuerpo fluye mancillarse no debe y la soberanía no la concede".
Con una sonrisa, con un suspiro de alivio abandonó la habitación dejando que la oscuridad y la podredumbre se apoderasen de la estancia, y una vez fuera, miró al cielo buscando la luna que esa noche no brillaba.
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