Unas cuantas notas musicales, un pequeño momento de relax, un poco de adrenalina fluyendo por mi sangre no me hacen mas que recordar que si disfruto con cada una de las notas de la música que escucho es porque deseo sentirme bien con ellas, si deseo sonreír por la mañana es porque realmente creo que merece la pena, si realmente quiero sacar la cabeza por la ventana e inspirar el aire que respiro es porque realmente creo que merece la pena, y ¿ Por qué merece la pena ?, pues porque esta vez dejo caer mis palabras como pequeños copos de nieve sobre un lecho de plumas para deciros a todos los que habeis tenido un poco de fe en mi, aunque me hayais visto precipitarme en el abismo, aunque me hayais visto subirme hasta el cielo y quemarme, aunque me haya marchado, mi persona, aún consigue hacer que os palpite el corazón. Os dedico miles de sentimientos en pocas palabras para daros las gracias a cada uno de vosotros, porque hagamos los errores que hagamos, porque tengamos los fallos que tengamos, somos capaces de cogernos de la mano y seguir adelante.
Unas pocas palabras repletas de miles de sentimientos, con cariño y devoción yo os dedico un "hasta la próxima vez que nos veamos" y no un "adiós", pues porque sé que mañana me acordaré de vosotros por muy lejos que esté, porque siempre estuvisteis a mi lado.
lunes 8 de febrero de 2010
martes 29 de diciembre de 2009
jueves 3 de diciembre de 2009
Sus ojos relampagueantes relucían en la oscuridad de la calle, mientras su mirada se fijaba en los pobres viandantes que decidieron pasear por esas calles de la ciudad. Calles oscuras, donde las paredes de los edificios ya cogieron una tonalidad grisácea por los gases de los coches que pasaban en antaño, calles oscuras donde solo unas pocas farolas iluminaban en la inmensa niebla en la que se convertía el ambiente fuera de la pobre luz de las farolas.
Sus labios rojos, sedientos de sangre y violencia, su viperína lengua relamiéndolos tratando de acordarse de su última cena, del último manjar que probaron. El temblor de sus manos, delataban su nerviosísmo, su necesidad de alimentarse para acallar la adrenalina que recorría su podrido corazón.
El oír del latir del corazón, joven, se oía en la calle como aumentaba por cada paso que daba aquella muchacha, su jadeo causado por el frío que enmascaraba aquella calle esa noche. Su irresistible olor, que emanaba de su piel con cada uno de sus pasos de hacía más intenso.
En un momento de frenesí, sus labios, su cuerpo, su mente, decidieron seguir a esa muchacha hasta que la última farola que iluminaba la calle, su luz se difuminara en la lejanía. Sin remordimiento alguno, su larga cabellera roja agarró y susurrándole con palabras envenenadas en el oído decíale a la muchacha: " Tu olor es la mayor tentación, el latir de tu corazón una irresistible razón para de ti obtener mi compañera, mi amor, tu sangre en mi corazón ". Sentía como el latir del corazón de la muchacha aumentaba, su frenesí aumentaba conviertiéndose en locura, sentía el debatir entre la vida y la muerte de su víctima, de aquella encantadora muchacha que se cruzó en su camino.
Sin poder remediarlo, sus dientes encontraron su cuello, perforándolo, sintiendo el calor de su cuerpo, de su sangre y como iba desvaneciéndose lentamente en un recuerdo hasta que ya no escuchaba su latir, ya no sentía su calor, y la locura en cordura se convirtió y aquella muchacha de la que se enamoró, dió sus primeros pasos hacia la vida eterna alimentada del calor humano.
Sus labios rojos, sedientos de sangre y violencia, su viperína lengua relamiéndolos tratando de acordarse de su última cena, del último manjar que probaron. El temblor de sus manos, delataban su nerviosísmo, su necesidad de alimentarse para acallar la adrenalina que recorría su podrido corazón.
El oír del latir del corazón, joven, se oía en la calle como aumentaba por cada paso que daba aquella muchacha, su jadeo causado por el frío que enmascaraba aquella calle esa noche. Su irresistible olor, que emanaba de su piel con cada uno de sus pasos de hacía más intenso.
En un momento de frenesí, sus labios, su cuerpo, su mente, decidieron seguir a esa muchacha hasta que la última farola que iluminaba la calle, su luz se difuminara en la lejanía. Sin remordimiento alguno, su larga cabellera roja agarró y susurrándole con palabras envenenadas en el oído decíale a la muchacha: " Tu olor es la mayor tentación, el latir de tu corazón una irresistible razón para de ti obtener mi compañera, mi amor, tu sangre en mi corazón ". Sentía como el latir del corazón de la muchacha aumentaba, su frenesí aumentaba conviertiéndose en locura, sentía el debatir entre la vida y la muerte de su víctima, de aquella encantadora muchacha que se cruzó en su camino.
Sin poder remediarlo, sus dientes encontraron su cuello, perforándolo, sintiendo el calor de su cuerpo, de su sangre y como iba desvaneciéndose lentamente en un recuerdo hasta que ya no escuchaba su latir, ya no sentía su calor, y la locura en cordura se convirtió y aquella muchacha de la que se enamoró, dió sus primeros pasos hacia la vida eterna alimentada del calor humano.
jueves 26 de noviembre de 2009
Su sonrisa que en antaño brillaba, lentamente ha ido apagándose hasta convertirse en un remoto recuerdo donde todavía sentía el palpitar de su corazón al mirar a través de la ventana de su dormitorio, y ver como los rayos de luz provenientes del sol iluminaban las hojas de los árboles, de los rosales, como acariciaban las gotas del rocío, provocando que apareciesen miles de destellos, como si del nacimiento de un ángel fuese.
Su mirada en una niebla se convirtió desde que ya no sentía amor, cada palabra, cada caricia, solo se desvanecían en un mar de nubes lejanas que dejaban caer en antaño sus tormentas y lujurias sobre el techo de su hogar.
Mas de su cama no se levantaba, ni bocado probaba, solo miraba al infinito tratando de buscar el pasado, preguntándose donde se había marchado aquel borazón braco que ahora se había marchitado.
-------
Un buen día por la mañana, los rayos de luz a la ventana volvieron, destellos de inimaginale belleza acariciaban su rostro cuando lentamente se apagaba aquel corazón apenado, dejando que las nubes en un lecho mullido se la llevasen, dejando hoy y para siempre aquel mundo conocido como el de los vivos.
Su mirada en una niebla se convirtió desde que ya no sentía amor, cada palabra, cada caricia, solo se desvanecían en un mar de nubes lejanas que dejaban caer en antaño sus tormentas y lujurias sobre el techo de su hogar.
Mas de su cama no se levantaba, ni bocado probaba, solo miraba al infinito tratando de buscar el pasado, preguntándose donde se había marchado aquel borazón braco que ahora se había marchitado.
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Un buen día por la mañana, los rayos de luz a la ventana volvieron, destellos de inimaginale belleza acariciaban su rostro cuando lentamente se apagaba aquel corazón apenado, dejando que las nubes en un lecho mullido se la llevasen, dejando hoy y para siempre aquel mundo conocido como el de los vivos.
lunes 2 de noviembre de 2009
Viajeros al tren

Una mañana de abril, esperaba en la estación de tren a que llegara la hora a la que debería de subir al tren. Un café con leche, unas cuantas páginas de un libro, una cola de gente, era todo lo que existía en esos momentos en aquel andén hasta que llegó el tren y, sucesivamente el número de personas iba desapareciendo mientras entraba por las puertas de sus respectivos vagones. Caminando por el andén, llegué a mi vagón donde coloqué la maleta donde bien podía para evitar molestar al resto de los pasajeros y busqué mi asiento, para acomodarme con mi libro para que aquel largo viaje se volviera medianamente ameno.
Unas horas después, tras haber desechado la idea del interesante libro y que mis ojos se cerrasen para permitirme un ligero y agitado sueño con el vaivén del tren, una señora que en el asiento de al lado se sentaba no podía evitar mirarme, con una mirada desafiante, como si trata de atacarme de alguna forma o bien, con temor a que yo le pudiera morder y desgarrarle la vida un poco más. Al cabo de una hora más, comenzó a entablar una conversación conmigo sobre lo bonito y relajante que le resultan las playas de Benidorm, con el agua de las olas rozándole los pies y los granitos de arena haciéndole cosquillas en la planta de los pies, porque ahi se sentía segura cuando las nubes negras la envolvían. En las pocas horas que me quedaban de viaje, escuché la historia de esa mujer, vi como la valentía le había hecho seguir adelante sin hacer demasiado hincapié en las consecuencias cuando decidió deshacerse de su pasado y volver a respirar aire fresco dentro de su propia ciudad, aunque tristemente dejó que aparecieran lágrimas de anhelo cuando soñaba despierta con su hijo, probablemente la única persona que le había amado como un hijo ama a una madre, y cuando recordaba aquellos tiempos, cuando aún llevaba coletas y vestidos de flores y zapatos de charol, cogida de una muñeca cuando aún no conocía el significado del dolor.....
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